He colgado varios reportajes de Carmen Morán como ejemplos de buenas prácticas. Hoy me temo que le tengo que dar un tirón de orejas. El siguiente reportaje, La violencia de otro género también duele, es muy peligroso, porque mezcla dos cuestiones completamente diferentes. La violencia contra las mujeres no es de género porque ataque al género al que pertenecen las mujeres. La etiqueta "género" no sirve para definir a las víctimas sino para explicar que lo son por el hecho de ser mujeres. El machismo es la causa estructural que hace que la violencia contra las mujeres sea una lacra terrible y sin parangón en todo el planeta.
Tenemos también a mujeres que maltratan e incluso matan a sus compañeros. Es una realidad terrible. También es terrible que los hombres se sientan avergonzados a la hora de denunciarlo. Pero no confundamos las cosas: eso no es consecuencia del hembrismo sino también del machismo. Es el modelo de masculinidad tradicional el que les lleva a avergonzarse. Por tanto, no se puede considerar que la que ejerce una mujer hacia un hombre sea violencia de género, porque no se enmarca en una situación de desigualdad global en la que los hombres se encuentran más desprotegidos y discriminados en todas las facetas de la vida.
Por ello, me parece muy peligroso el titular y me extraña que alguien como Morán no tenga claro el tema. Sin embargo, como buena periodista, acude a fuentes diversas y así consigue que Hilario Sáez y Miguel Lorente aporten claves que refutan el enfoque. Además de la confusión respecto a la violencia de género, me preocupa mucho un estereotipo misógino muy recurrente que oigo constantemente a mi alrededor y que se aprecia en el reportaje: las mujeres no pegaremos tanto pero maltratamos psicológicamente porque somos insoportables, histéricas, chantajistas... Hemos de rebelarnos ante semejantes ataques.
Por otro lado, sé que no es bueno solapar dos reportajes, pero ayer se publicó otro con miga que no quiero que quede en el olvido. En este caso es un poco al revés: si Carmen Morán convierte un enfoque cuestionable en un reportaje completo y con diversidad de opiniones, el reportaje de Natalia Junquera me parece el ejemplo de un buen enfoque mal resuelto. Por qué es mejor dar el dinero a las mujeres aborda un tema apasionante: la igualdad como motor de desarrollo. Sin embargo, cada frase suya contiene conceptos criticables. Habla de "ayudar a las mujeres" en vez de referirse a la justicia social o al empoderamiento (concepto que sólo aborda para tacharlo de difuso).
Perpetúa unos cuántos estereotipos por no dejar claro que el género es una construcción social: nos considera más fiables, nos desvivimos por la familia, etc. Tampoco los hombres salen bien parados, porque los exime de toda responsabilidad. Es decir, está claro que limitar a las mujeres al trabajo reproductivo supone limitar el desarrollo económico y social. Pero en el reportaje se propone darles dinero porque los hombres se lo gastan en bebida. ¿Por qué no se plantea entonces que el actual modelo de masculinidad limita el desarrollo económico? Plantea soluciones para las mujeres pero no para los hombres. Como siempre, somos nosotras las que nos tenemos que mover para cambiar la sociedad y que la economía avance. Me parece un buen ejemplo para recordar la importancia que tiene apostar por un cambio de actitudes de los hombres tanto como por el empoderamiento de las mujeres.
