29 abr. 2008

Beatriz Preciado, filósofa transgénero: "Dedico mi vida a dinamitar el binomio hombre/mujer"



Me ha encantado esta entrevista tanto por el contenido como por el continente. Por un lado, entenderé que la mayoría no os identifiquéis con los planteamientos de Beatriz Preciado. Yo sí que encuentro en su discurso ideas muy interesantes para aplicar a mi propio concepto sobre los roles de género. Por otro lado, me parece que el entrevistador lo hace genial (y antes de ver su firma, estaba convencida de que era mujer). La entradilla engancha, sus preguntas logran respuestas inteligentes, otras cómicas, otras tiernas... Como dicen Pripublikarrak, os animo a acercaros (aunque sólo sea como espectadoras curiosas) a un panorama de roles rodando, saltando, moviéndose, retorciéndose... En vez de foto, podéis verla en una entrevista para el programa Redes. Beatriz Preciado dará una charla el día 9 de mayo en el centro Montehermoso de Vitoria-Gasteiz.

Víctor M. Amela- La Vanguardia

Tengo 37 años. Nací en Burgos y vivo entre París y Barcelona. Soy filósofa y enseño Teoría del Género en la Universidad de París VIII. Vivimos juntos mi novia, una perra bulldog, un gato y yo. No quiero reproducirme. No creo en la nación ni en Dios. Mi perra se llama Pepa.

¿Es usted hombre o mujer?
Esta pregunta refleja una ansiosa obsesión occidental.

¿Qué obsesión?

La de querer reducir la verdad del sexo a un binomio.

¡Es que hay hombres y hay mujeres...!

Yo dedico mi vida a dinamitar ese binomio. ¡Afirmo la multiplicidad infinita del sexo!

"Hay tantos sexos como personas", dice un amigo mío. ¿Sería eso?

Sí, me gusta. Eso de hombre y mujer son construcciones culturales.

Segi irakurtzen! ¡Sigue leyendo!

1 comentario:

Miguel García Fernández dijo...

Sin embargo, lo que explica Beatriz Preciado parece más pregénero que transgénero, y son visiones opuestas. Trans- implica trascender algo, aceptándolo y superándolo. Pero Beatriz, al menos en su teoría, iguala cultura con mentira y busca la verdad en un nivel previo y más reducido, el fisiológico, en el cual, además, las diferencias de género son más burdas y evidentes. Y es natural que rechace los estereotipos modernos de hombre y mujer, tan simples y tristes, pero no contempla la inmensa riqueza de los arquetipos que son antiquísimos. De hecho, un arquetipo esencial es el del hermafrodita, que integra los opuestos; pero los disuelve aceptándolos, ¡no dinamitándolos!.